Historia de Praga
Historia de Praga
“Veo una majestuosa ciudad, cuya gloria es tocada por las estrellas . . . Allá, en los montes cerca del Vltava, hay un hombre tallando el umbral de su casa, y de ahí saque el nombre de esta ciudad, umbral, Praga” [ . . . ] Más o menos así lo cuentan las leyendas sobre el misticismo divinativo de la legendaria princesa Libuše, cuya encomienda era fundar y dar nombre a nuestra capital. Todos los checos conocen esta leyenda gracias a Kosmos, quien la incorporó en su crónica a principios del siglo XII. Pero no fue hasta la ópera de Bedřich Smetana que se dio a conocer y se hizo su defunción. Libuše debía hacer el vaticinio del Castillo “Vyšehrad”, la residencia fabulosa más antigua de los príncipes de este lugar. Y como esposa del legendario Přemysl Labrador (Oráč), se llegó a convertir en la fundadora de la dinastía de los Premislitas, la cual gobernó a los checos por más de quinientos aĖos. Sin embargo, las cosas sucedieron de modo diferente, en contra de la voluntad de Kosmas y Bedřich Smetana. No obstante, la historia del Estado checo y la historia de Praga no se pueden separar.
“PRAGA CAPUT REI PUBLICAE”
Praga, la capital de la República Checa, se extiende a lo largo del río Vltava y está situada en medio del valle checo “Česká kotlina”. En la actualidad, viven en Praga aproximadamente un millón y medio de personas, lo que representa más o menos el 12 % de los habitantes de nuestro Estado. Por su densidad poblacional y su extensión (de aprox. 500 km2), está considerada la ciudad más grande de la República Checa. Dada la riqueza y la belleza de sus monumentos históricos, el casco histórico de Praga fue declarado Monumento Protegido por la UNESCO en el aĖo 1992. Y con toda justeza se dice de Praga que es la capital más hermosa de Europa, con todo el respeto de París y Roma.
La población de estos predios se ha venido desarrollando desde la época primitiva. A ello contribuyeron mucho el asentamiento poblacional en el centro del valle “Česká kotlina”, así como también las condiciones del terreno y las climatológicas. Desde tiempos remotos, el río Vltava pasa por aquí, por la ruta que atraviesa la formación de un gredoso mar que con su corriente le ha dado la forma accidentada que hoy tiene. El roquedal de Barrandov hasta hoy esconde los restos fósiles de trilobites, otros animales prehistóricos y también de plantas. Este majestuoso sarcófago, de un mundo ya desaparecido, fue el que más tarde protegió el corazón de Praga, el declive de las colinas de Petřín, Letná y otros, contra los vientos fríos del norte y los vendavales del oeste.
Estos confines fueron habitados de manera permanente a partir del cuarto milenio antes de nuestra era, según lo documentan los hallazgos encontrados, y de los cuales los más importantes son los que provienen, ante todo de la zona perisférica de la actual Praga, por ej. de la zona Šárka o Unětice. En aquel entonces se trataba de una barriada de mucha significación para todo el valle “Česká kotlina”. Desde la época de Hallstadt, (desde el siglo VI), este país ha sido también una parte muy esencial del mundo céltico. En nuestro país hay evidencias de una de las tumbas más antiguas de la aristocracia céltica, aquí residió la tribu de los Bohemos, cuyo jefe, el ilustre Brena, conquistó la Roma republicana en su expedición a Italia; en nuestro país se acuĖaron también los iris de oro. No lejos de Praga, más allá de Kladno, en Mšecké Žehrovice, fue descubierta la estatua de un héroe, considerada una de las obras más hermosas del arte céltico. En las afueras de Praga, en “Závist nad Zbraslaví”, se encuentran las ruinas de un antiguo pueblo-fortaleza de finales del siglo V a. de J. C. en el lugar donde anteriormente había surgido un célebre “opido” (pueblo-fortaleza) en el siglo II a. de J. C. que aunque no figuraba entre los más grandes por su extensión, sí parecía ser la construcción céltica más fuerte por su fortificación. Sin embargo, ni siquiera esta fortificación, la más esplendorosa del mundo céltico, detuvo a los germanos.
Los germanos tomaron el nombre de este país de los celtas, por la tribu de los bohemos, llamados Boyohémum, Bainaib, Bohemia. Bohemia fue más tarde su patria a lo largo de los cinco siglos siguientes. La tribu de los Marobud, de los marcomanos luchó aquí contra el imperio romano y también aquí vivió sus “viejos tiempos de oro” la tribu de los longobardos que arrasó sobremanera con los restos que quedaban de la antigua civilización en Italia. Cuando el ejército de Carlos Magno regresó de la victoriosa guerra contra los ávaros, en el aĖo 791, los mesnaderos longobardos del ejército franco pudieron conocer los sitios históricos de sus antecesores y llorar ante la tumba abandonada de su afamado rey Wach. Al parecer, baĖaron con sus lágrimas las ruinas de “Závist nad Zbraslaví”.
En esta época aquí vivían los eslavos. Y el surgimiento de Praga está relacionado solamente con ellos, coincidiendo con los lugares donde hoy descansa. A pesar de que nuestros antecesores eslavos ya habían llegado a estos confines desde las postrimerías de los siglos V y VI, estuvieron residiendo, más bien, en los alrededores de lo que fue más tarde la vieja Praga, hasta el siglo VIII: en Šárka, Bohnice, Butovice y en Levý Hradec – la residencia más antigua de los Premislitas. La necesidad creciente del Estado y la importancia del mercado de la localidad y del vado conllevaron al surgimiento del Castillo de Praga, el cual había venido sirviendo de residencia a príncipes checos, ya desde el siglo IX. El Castillo de Praga es el centro del Estado checo desde hace mil doscientos aĖos atrás. Además de la Roma papal, usted no encontrará en Europa otro centro del Estado que se haya venido utilizando sin interrupción hasta nuestros días.
El imperio de los Premislitas y Praga de los Premislitas fueron creciendo a la par del cristianismo, puesto al alcance de este pueblo por San Cirilo y San Metodio en idioma eslavo. Vinieron a nuestro país de Bizancio, pero desde que llegaron a la Gran Moravia, a donde habían sido llamados en el aĖo 864, estuvieron enfrentándose a sus colegas del imperio franco con formación en latín. Es como si esta confrontación entre el mundo oriental y el occidental hubiera preanunciado las peripecias que más tarde se presentaron en nuestra historia moderna, en pleno despunte de la existencia como Estado checo. Desde luego, triunfó la formación del occidente. El príncipe Wenceslao (+ 929 o 935), santo protector principal y gobernador imperecedero de este país, ancoró el Estado checo en la política occidental; incluso, una vez que se fundó el episcopado praguense (974), se impuso la cultura latina ante la paleoslava. Sin embargo, el patrimonio cultural de la Gran Moravia quedó presente en nuestro arte, debido principalmente a la popularidad, de carácter especial, por la iglesia en forma de rotonda.
Praga del siglo X, era una imponente y majestuosa ciudad. Ibrahim Ibn Jakob, peregrino y comerciante árabe la describió como una opulenta “ciudad de piedra”. Desgraciadamente, estos tiempos pasaron y muy pocas cosas quedaron de él y la época que le sucedió, del arte románico, ya fue más generosa con nosotros. Los monumentos históricos del Castillo de Praga, las numerosas iglesias, los fragmentos del puente de piedra de Judit y las casas citadinas de estilo románico, únicas en su tipo, evidencian la gran importancia y la riqueza de Praga a partir del siglo XI hasta el XII. A pesar de todo, Praga no tenía derechos municipales y su urbaniza- ción fue acarreando en los caseríos aislados del Castillo de Praga hasta llegar al vado del Vltava, extendiéndose hasta la otra ribera del río y terminando en la fortaleza de “Vyšehrad”. La urbanización de más densidad y riqueza fue la de la zona de la Ciudad Vieja, la cual surgió más adelante y que en aquel entonces se llamaba “Mezihrady” (Entre Castillos). Allí floreció el Mercado internacional. Y precisamente por eso, esta parte se llegó a convertir en el núcleo de la ciudad. El rey Wenceslao I la mandó a rodear de murallas entre los aĖos 1230-41 y fundó la ciudad de Havel con lo cual sentó las bases de las libertades municipales. Probablemente desde esta época, Mezihrady se comenzó a llamar también “Ciudad de Praga”, por el Castillo de Praga. En aquel entonces comenzó a penetrar en nuestro país el estilo gótico; se edifican otras casas citadinas, palacios y nuevos monasterios. A mediados del siglo XIII, en el conglomerado praguense vivían unos 4 000 habitantes, lo que en aquella época se correspondía con una gran ciudad. Sin embargo, a principios del siglo XIV, la cantidad de habitantes de Praga aumentó mucho más hasta llegar a la cifra de 10 000 personas. El ascenso de la capital era un reflejo del florecimiento del Estado checo. Los Premislitas estuvieron en el trono por más de quinientos aĖos, gobernaron desde Praga no solamente a Bohemia, Moravia y Silesia, sino que se apoderaron inclusive del reinado polaco y húngaro. Las minas de plata de “Kutná hora” provocaron la fiebre por sus riquezas, similar a la fiebre del siglo XIX por el Klondik. El gros praguense de plata, acuĖado a partir el aĖo 1300 representó a una de las monedas de más estabilidad en Europa en los tres siglos siguientes. En el aĖo 1306 fue asesinado el joven Wenceslao III en Olomouc, la dinastía de los Premislitas desapareció por línea paterna y pronto su confederación se vio desplomada. No obstante, para Europa central, quedó como un ejemplo extraordinario. Le imitaron los Luxemburgos y hasta los Jagellones, siendo los Habsburgos los que restauraron la unidad en Europa central.
Los Luxemburgos nos dominaron casi ciento treinta aĖos (1310-1437). Juan de Luxemburgo, el “rey diplomático” y “último caballero”, obtuvo el trono checo al contraer nupcias con Eliška Přemyslovna. Vendía todo tipo de privilegios y así fue como la Ciudad Vieja pudo comprar el derecho de ayuntamiento (1338) y convertirse en una verdadera ciudad medieval. Wenceslao, el hijo de Juan, había recibido su educación en la Corte francesa en la que adoptó el nombre de Carlos. Se apoderó de la corona imperial y de esta forma pasó a ser Carlos IV. Hizo mucho por Praga que en aquel entonces era la capital del Estado checo y también del sagrado imperio romano. Ordenó la remodelación del Castillo de Praga, y a él se atribuye el mérito del ascenso del episcopado praguense a arzobispado (1344), fundó con su padre la catedral del San Vito. Tras la muerte de Matyáš de Arras, maestro de obras, hizo venir a Petr Parléř, de Gmünd in Suabia, joven de extraordinario talento y artista universal a quien se le atribuye la construcción del puente de Carlos. En el aĖo 1348 fundó la Universidad Carolina, la más antigua de Europa Central y en ese mismo aĖo se hicieron los cimientos para la Ciudad Nueva de Praga que fue la que le impuso el mérito de ser la más antigua a aquella construcción dispersa. La expansión de la colonia fortificada (hoy la Malá Strana), la edificación de toda una serie de templos monumentales y monasterios, fueron transformando a Praga en una colosal ciudad, incomparable con cualquiera de las ciudades de Europa en aquella época; también a ello contribuyeron la construcción de la franja de murallas, las cuales hicieron que dentro de la ciudad quedaran incluso viĖedos, jardines, huertos y hasta el legendario “Vyšehrad”. La extensión de Praga llegó a ser de 700 ha y la cantidad de habitantes se elevó a 40 000. Tras la muerte de Carlos IV, llamado en aquella época El Padre de la Patria, asumió el trono su hijo Wenceslao IV. No fue peor que su padre, pero tuvo mala suerte. El viejo mundo se desmoronó y sus familiares más cercanos, incluso su hermano Segismundo, le complicaban la situación. En Bohemia se desarrollaron las artes de “estilo preciosista”, pero también en Praga tuvo sus orígenes la primera reforma europea.
La reforma checa se le adelantó a Europa en más de cien aĖos. Por ello tuvimos que pagar un precio muy caro. La quema en la hoguera del maestro Juan Hus por el concilio de Constanza (6. 7. 1415) radicalizó a sus seguidores y rivales. La revolución de los husitas estalló completamente. Las memorias sobre las luchas heroicas de los utraquistas checos y de las gloriosas victorias de su líder, Jan Žižka de Trocnov, en verdad ayudaron a los checos a superar épocas difíciles en el futuro y le sirvieron de fuente de inspiración para muchísimas obras de arte, incluso, las peripecias de las guerras civiles, excesivamente serviles a las cruzadas y a las anatemas del Papa, estuvieron atribulando este país durante casi todo el siglo XV. Bohemia se encontraba aislada en un mar de herejes, Praga se empobreció y la cantidad de sus habitantes disminuyó a 25 000. Nuestra época de oro terminó.
Los soberanos de la dinastía de los Jagellones, quienes querían sacar el país de la crisis, tenían muchas perspectivas, pero desafortunadamente, menos capacidades. No es menos cierto que la industria manufacturera checa y el comercio volvieron a florecer, el arte gótico flamígero adquirió nuevos elementos renacentistas, pero después que Vladislav II se convirtió en rey húngaro y transmigró a Budín (1490), la oligarquía aristocrática dominaba completamente el Estado y la importancia de Praga volvió a debilitarse. La trágica muerte del rey Luis en la batalla de Mohacs (1526) no solamente terminó el gobierno de los Jagellones, de más de medio siglo, sino que le abrió las puertas de Hungría a los turcos y las del poder a los Habsburgos.
Los Habsburgos mantuvieron unida la confederación de Austria, Bohemia y Hungría casi durante cuatrocientos aĖos (hasta el aĖo 1918). Su arribo al trono estuvo acompaĖado de un Renacimiento reconfortante que lentamente fue abriendo paso a los medios protestantes y de esta manera, a Praga llegó hasta la ola tardía del arte renacentista – desde luego, el amaneramiento aquí resplandeció con mucha más fuerza. El terrible incendio del Castillo de Praga y de “Malá Strana” en el aĖo 1541 en verdad causó daĖos irreparables, pero al mismo tiempo le brindó la gran oportunidad de aplicar el nuevo estilo. Los palacios renacentistas de los soberanos checos, situados en los alrededores del Castillo de Praga y el Castillete (Letohrádek) de la reina Anna Jagellonská (de los aĖos 1537-63) fueron la vanguardia de este estilo. El emperador Rodolfo II trasladó su residencia a Praga, convirtiéndose así la Praga rodolfina en el centro europeo del amaneramiento tardío en el aĖo 1584. El emperador Rodolfo, enajenado, pero amante de las artes, estaba rodeado de artistas talentosos, científicos y hasta de estafadores. Remodeló el Castillo de Praga, así como sus jardines, y creó una excepcional colección de obras de arte y se vio obligado a ratificar la libertad religiosa en su imperio.
Tras la caída de Rodolfo II, tuvo su fin la tolerancia religiosa. El conflicto entre la mayoría protestante y los Habsburgos católicos tuvo su desenlace en la rebelión de la nobleza, la cual dio inicio a la guerra de los treinta aĖos (1618-48). Los protestantes checos salieron derrotados. El Estado checo perdió sus derechos durante trescientos aĖos, llegándose a convertir en una simple provincia, por lo que la mayoría de la nobleza checa, la intelectualidad y el patriciado emigraron. Le sucedió el período de la cruel recatolización. El furor bélico cobró las vidas de la mitad de los habitantes de este país, los ejércitos protestantes y católicos saquearon el reinado checo y hasta la colección rodolfina. A pesar de todo e incluso durante la guerra, el codicioso general del imperio, Albrecht de Valdštejn trató de mantener la tradición artística rodolfina. El majestuoso palacio de Malá Strana era una muestra viva de las monumentales construcciones barrocas. Tras la caída de Albrecht de Valdštejn y su posterior asesinato (1634), tuvo su fin el mecenazgo de este príncipe; sin embargo su ejemplo no quedó en el olvido. Praga volvió a cambiar su aspecto. La estrecha colaboración entre los talentosos artistas y los mecenas dadivosos, fue un complemento para la segunda mitad del siglo XVII y la tercera parte del siglo XVIII.
El siglo de las luces trajo consigo el debilitamiento de las fuerzas artísticas y la caída del provincialismo de las luces. Pero aún así, el Teatro de la Nobleza (Stavovské divadlo) pudo celebrar el éxito de Mozart, Don Giovanni, y Bertramka se convirtió en el testigo mudo de la estancia del compositor en Praga. En aquella época, vivían en Praga unas 80 000 personas, cifra que desde entonces, ha venido aumentado de manera constante.
El fin del “siglo de las luces” está relacionado con el renacimiento nacional. El reducto de la nobleza checa y de aristocráticos descendientes de los inmigrantes de la época posterior a la batalla de la MontaĖa Blanca, apoyaron la emancipación de la nación checa, sus ciencias, artes e incluso su institución política y cultural. La forma trágica de definir la nación, desde el punto de vista de la lengua, dio pie al surgimiento de las rencillas nacionales entre Bohemia y la Bohemia de habla alemana. Las dos nacionalidades luchaban entre sí y el reflejo de dicha rivalidad se puede apreciar en Praga hasta nuestros días. El Rodolfino alemán y la Ópera Nacional, versus el Teatro Nacional Checo y el Museo Nacional. Transcurrida esta época, evidentemente las obras de ambas naciones se enriquecieron mutuamente y al final, la rivalidad resultó totalmente útil. La literatura checa escrita en alemán alcanza su cumbre en las postrimerías del siglo XIX y XX en las obras de Franz Kafka, Gustav Meyring o Franz Werfel, sin embargo, el abismo entre las dos etnias iba cada vez más en aumento.
Las artes del siglo XIX, incluyendo la secesión de Praga, repostaron el aspecto barroco de la Praga medieval, pero no lograron cambiar su carácter. Ni siquiera las corrientes modernas de principios del siglo XX lograron daĖar el rostro de la vieja Praga. El arte moderno no es un elemento ajeno a este organismo citadino y antiguo, capta con sensibilidad lo que le rodea, tal y como lo muestran, por ej. las construcciones cubistas que datan de la época anterior a la Primera Guerra Mundial. Sí, Bohemia es el único país donde existe, inclusive, la arquitectura cubista, siendo Praga la capital de la arquitectura cubista.
La Primera Guerra Mundial conllevó a la caída de la monarquía de los Habsburgos, el 28 de octubre de 1918 fue la proclamación de la República de Checoslovaquia y Praga se volvió a convertir en una genuina capital y el Castillo de Praga le dio la bienvenida al presidente de la república, T. G. Masaryk, el cual encontró a su arquitecto en la ponderada persona de Josip Plečnik. El Art Deco suplantó el funcionalismo en la segunda mitad de los aĖos 20. El funcionalismo checo y el surrealismo, e incluso el escritor Karel Čapek, son concepciones mundiales que representan el pintoresco mosaico de la cultura del período entre las guerras. El período de veinte aĖos de la primera república se puede considerar la segunda Época de Oro de nuestra historia. La Luna de Miel entre Praga y París tuvo su final en el Acuerdo de Munich en el aĖo 1938. BretaĖa y Francia nos contrapusieron a Hitler.
El derrumbamiento de la primera república y la ocupación por la Alemania fascista significaron nuevamente, una amenaza para la existencia de la mayoría checo parlante de este país. La bestialidad cometida por los nazis fue un obstáculo para el futuro de la ulterior convivencia de checos y alemanes checos, de los cuales el 98 % tomó la decisión de ser alemanes de Alemania. La liberación de la república y la rebelión de Praga, en mayo de 1945, significaron la recuperación de la libertad. El éxodo de la posguerra de los 2,5 millones de alemanes, fue el fin de los 700 aĖos de convivencia de las dos naciones en nuestro país.
Tras experimentar las amargas experiencias de Munich con los aliados del Occidente y de tener la impresión de que la mayoría del Estado había sido liberada por la Unión Soviética, muchos checos se perdieron la ilusión de que la democracia se podía unir con el comunismo. El cuarenta por ciento de votos fue suficiente para que los comunistas dieran el golpe de estado en el aĖo 1948. En los aĖos siguientes, los nuevos gobernantes intentaron destruir con espíritu constructivo, todo lo que les recordaba los “tiempos pasados” y poner en su lugar nuevos símbolos. Un ejemplo de ello es el gigantesco conjunto escultórico a Stalin en la explanada de Letná, el cual fue retirado posteriormente en 1961. En el aĖo 1968, los tanques de los países “amigos” del bloque soviético hicieron polvo el intento del llamado socialismo con rostro humano. Le sucedió otra etapa de devastación sistemática del patrimonio cultural, de la cual es testigo la vía principal construida que pasa por el Museo Nacional. Y probablemente lo único bueno que dejó el régimen comunista fue el metro de Praga.
La Revolución de Terciopelo, del 17 de noviembre de 1989, nos permitió volver a la civilización, considerada suya por la mayoría de las personas de este país. Praga volvió a respirar aires de libertad. La libertad electoral significó la división de Checoslovaquia, ya que la mayoría de los eslovacos tenían otra idea de lo que era un Estado conjunto. Desde el aĖo 1993, Praga es la capital de la República Checa, el 12- 3- 1999 entró en la OTAN y en estos momentos se está preparando con vehemencia para la Unión Europea.
“PRAGA MATER URBIUM”
Praga es un organismo digno de admirar. No nos sorprende que la fachada barroca de una casa esconda muros góticos y subterráneos románicos. La vieja Praga es una ciudad medieval tapada con un manto barroco, ataviado con el arte moderno como joyas. El casco histórico (El Castillo de Praga, Hradčany, Malá Strana, Staré Město, Nové Město, Vyšehrad) está contiguo al interior de la ciudad, cuyos barrios, originados en las antiguas perisferias del siglo XVIII y ante todo del siglo XIX, se adhirieron a las ciudades (por ej. Karlín, Smíchov, Holešovice, Vinohrady, Vršovice y Žižkov). A éstas se une la ciudad de las afueras, hoy en día llena de barriadas, centros comerciales, casas de familia, bosques y huertos, pero también de complejos industriales (por ej., Jižní Město [Ciudad Sur], Jihozápadní Město, [Ciudad Suroeste] Bohnice y Prosek).
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